Pithecanthropus Erectus es uno de los primeros resultados de los workshops de Mingus tal y como cuenta el propio Charles en el libreto que acompaña la maravillosa caja de Atlantic “Passions of a man”. Los músicos se reunían, se les entregaban las líneas generales y el espíritu de la pieza y... ¡a brillar mi amor!... todo el resto lo debía poner su inspiración.
La sesión grabada en Enero de 1956, en la que participaron Jackie McLean en saxo alto, J.R. Monterose en saxo tenor, Mal Waldron en piano, Willie Jones en batería, y Charles Mingus en contrabajo, es sin duda una muestra de cuando las cosas funcionaban bien. Con esa modalidad todos aportan.
Los temas grabados tienen el sello Mingus: hay tuttis, cambios de ritmo, entradas salvajes, gritos, etc. Desde el inicio mismo, con el tema que le da nombre al disco, aparece todo el collage que este músico despliega en su arte. Un arte que si hubiera que asociarlo a una ciudad ésa sería sin dudas Nueva York.
“Después de los 60 nadie inventó nada!!!” ... muchas veces le escuché decir esto a un amigo dueño de una disquería (*) durante los debates entre el hoy y el ayer del jazz. La frase viene inevitablemente a mi recuerdo cuando escucho “A Foggy Day” porque su relación con el disco “We did it, We did it” de Tiziano Tononi (**) es notable. ¿Qué habrán pensado los defensores de la tradición jazzíztica en el año 56 al escuchar pitos y los instrumentos usados como bocinas de automóvil o imitando sirenas?. Hay que tener audacia y talento porque el resultado es excelente, la música cautiva nuestra atención en base al ¿qué vendrá ahora?, ¿cómo va a salir de esta?, ¿cómo diablos suenan tan justos, si están trabajando casi a primera vista?. Sea como fuere las cosas suceden y nos llenan de gusto, la niebla se despeja y aparece “Love Chant”, un blues tranquilo en donde el piano repite el "vamp" con pinceladas de su talento, el bajo el ritmo, y el resto de los músicos armoniza e improvisa sobre esa base en la que McLean se luce en general y toca algunas frases que suenan de otro lado, todo un preludio de lo que viene: “Profile of Jackie” empieza como balada y hasta se parece por momentos a muchas otras baladas, especialmente al inicio a la versión de “Laura” hecha por Charlie Parker. Es como hubiera fragmentos de varias piezas conocidas en ella, pero ninguna excepto la mencionada aparece con claridad. Sobre el saxo recae casi todo el protagonismo, y sale airoso de ése rol.
En definitiva en Pithecanthropus Erectus son llos dos primeros temas los que dan valor al disco. Los otros dos acompañan bien pero les falta la presencia y audacia que harían de este buen disco algo maravilloso.
(*) La frase pertenece a Guillermo Hernández, dueño de la disquería Minton´s en Buenos Aires. Un lugar maravilloso por su música y por los personajes que lo visitan.
(**) Tiziano Tononi and the Society of Freely Syncopated Organic Pulses, We did it, We did it, Splasc(h), 2000. Disco triple imperdible homenaje a Monk, R.R. Kirk, Ellington, Mingus y otros dónde T. Tononi ademas de batería y percusión incluye sirenas y otras audacias. Pithecanthropus Erectus was Charles Mingus' breakthrough as a leader, the album where he established himself as a composer of boundless imagination and a fresh new voice that, despite his ambitiously modern concepts, was firmly grounded in jazz tradition. Mingus truly discovered himself after mastering the vocabularies of bop and swing, and with Pithecanthropus Erectus he began seeking new ways to increase the evocative power of the art form and challenge his musicians (who here include altoist Jackie McLean and pianist Mal Waldron) to work outside of convention. The title cut is one of his greatest masterpieces: a four-movement tone poem depicting man's evolution from pride and accomplishment to hubris and slavery and finally to ultimate destruction. The piece is held together by a haunting, repeated theme and broken up by frenetic, sound-effect-filled interludes that grow darker as man's spirit sinks lower. It can be a little hard to follow the story line, but the whole thing seethes with a brooding intensity that comes from the soloist's extraordinary focus on the mood, rather than simply flashing their chops. Mingus' playful side surfaces on "A Foggy Day (In San Francisco)," which crams numerous sound effects (all from actual instruments) into a highly visual portrait, complete with honking cars, ringing trolleys, sirens, police whistles, change clinking on the sidewalk, and more. This was the first album where Mingus tailored his arrangements to the personalities of his musicians, teaching the pieces by ear instead of writing everything out. Perhaps that's why Pithecanthropus Erectus resembles paintings in sound -- full of sumptuous tone colors learned through Duke Ellington, but also rich in sonic details that only could have come from an adventurous modernist. And Mingus plays with the sort of raw passion that comes with the first flush of mastery. Still one of his greatest.  |